La duda cruzó por mi mente y justo cuando iba a hablar, Dylan se me adelantó.
—Ejem, ejem... —tosió dos veces como preludio y sonrió de forma burlona—. Sara, ¿ahora escuchas detrás de las puertas? Me has dado un tremendo susto.
Aunque podía ver que estaba bromeando, me defendí con seriedad:
—No me malinterpretes, Dylan. No estaba espiando, solo vine a buscarte y no había alcanzado a tocar la puerta.
—Ja, ja —Dylan sonrió aún más inocentemente—. Era una broma, no te lo tomes tan en serio. ¿Qué ne