Mi corazón se saltó un latido.
—Ya te dije que lo nuestro es imposible. Si tienes esas intenciones, creo que ni siquiera deberíamos fingir ser novios. Buscaré a alguien más.
Apenas terminé de hablar, él, que había permanecido inmóvil, avanzó hacia mí con sus largas piernas.
—¿A quién piensas buscar?
Retrocedí instintivamente, pero mientras más retrocedía, más avanzaba él.
—¿Otra cita a ciegas? ¿O buscarás a algún amigo?
Cuántos celos.
—¡Sergio! —exclamé cuando ya casi no tenía hacia dónde retroc