Inmediatamente miré a Sergio y regañé a Marta:
—Estás delirando de sueño. ¿Qué disparates dices?
—No estoy diciendo tonterías. Me refiero a que ambos son adictos al trabajo. Siento que no puedo aguantar más —Marta se recostó en el asiento del auto.
—Aunque no puedas, tienes que aguantar. No falta mucho —revisé específicamente el área restante por ajustar y, al ritmo actual, terminaríamos en unos diez días.
—¿Cuánto falta entonces? —Marta parecía no querer resistir ni un día más.
Miré a Sergio po