Sergio se detuvo sin preguntar nada.
—No pasa nada, subamos —dije.
En la oscuridad, bajé la cabeza mientras recordaba a la persona junto al coche.
Pensé que no sabría que vivía aquí, después de todo el edificio iba a ser demolido, pero aparentemente lo sabía y por eso había venido.
Aunque, ¿qué sentido tenía venir ahora?
Sergio subía a toda prisa, de dos escalones en dos.
—Abre —dijo con la respiración algo agitada.
Saqué de inmediato las llaves y abrí. Apenas entramos me sentó sobre el zapatero