Me reí, así que era ella.
Cuando Macarena me encontró, estaba tomando un poco de solecito en el jardín. Se acercó vestida imponente como una dama de alta sociedad, arrogante. —Sara, qué presuntuosa eres, hacerme venir hasta aquí.
—Te equivocas, tú quisiste venir a buscarme —no le seguí el juego.
El rostro de Macarena maquillado a la perfección al instante se torció. —Entonces debes saber por qué he venido, ¿no es así?
Se paró bloqueándome el sol, y debo admitir que desde mi ángulo, su figura cur