¡¿Quererlo?! Era d una escarada.
Miré su rostro angelical y mi voz se encrudeció. —Beatriz, te equivocas. No quieres a Carlos, solo quieres su estatus, la riqueza que él representa.
Beatriz apretó los labios. —No lo niego, pero…
Se detuvo un instante y luego dijo, con una crueldad absoluta que me heló la sangre: —Pero en este tiempo, él ha sido tan bueno conmigo como Andrés, y ya lo amo de verdad. Quiero pasar el resto de mi vida con él.
Me estaba diciendo que Carlos era indispensable para ella,