—¡Uy hola guapa! —Alberto me saludó con una sonrisa pero de burla.
—Te he esperado casi una hora. La jefa llegó tarde hoy —dijo, agitando el reloj en su muñeca.
Me esforcé por contener mi enojo mientras me acercaba. Hoy no llevaba tacones sino que tennis, necesitaba dejar descansar mis pies.
—¿No se siente usted bien hoy, señorita? —el mocoso tenía buen ojo, había notado algo raro.
Mi paso seguro vaciló por un momento, incómoda.
No podía seguirle el juego, así que me senté frente a él con firmez