Me sentí te aliviada al escucharlo.
No había actuado impulsivamente, primero me preguntaba a mí.
—Sí, por favor Sergio... —me detuve, aún no sabía su cargo en la empresa, aunque con su nivel seguramente era ingeniero—. Por favor, Sergio, ¿podrías acompañar al caballero a la salida? —dije mientras me daba la vuelta.
Alberto, sin inmutarse por la presencia de Sergio, siguió provocando:
—Señorita, le espero el fin de semana. Usted será mi mejor regalo.
Antes de que terminara, Sergio pasó a mi lado