Al cruzar el umbral del despacho de Draven, la puerta pesada se cerró tras de mí con un siseo que resonó en el pasillo, pero mi cuerpo sigue vibrando con el recuerdo de lo que acabamos de vivir. Mi intimidad es un caos, un desastre glorioso de sensaciones que se niegan a calmarse. Ha sido un sacrificio sobrenatural no sucumbir ante la inercia de nuestros cuerpos; cada fibra de mi ser, heredera de un linaje donde el lobo tiene más peso que el vampiro, grita pidiendo la unión. Mi naturaleza deman