La mansión se encontraba en silencio a esa hora de la madrugada, Ivana se despertó con el insistente sonido de la vibración de su teléfono sobre la mesita de noche. La pantalla no mostraba un número que ella reconociera, solo “llamada entrante”. Algo en el pecho le dio un vuelco antes de contestar.
—¿Sí? —dijo, con la voz todavía empañada por el sueño.
Al otro lado, una voz metálica y gruesa pronunció de manera fria y cortante;
—Si no dejas a Dante y te vas lejos, te arrepentirás.
Una corrient