La iluminación de la habitación era todavía más tenue que la anterior. Sobre las paredes colgaban retratos de distintos juegos de hacer, lujosos casinos y naipes antiguos, como ídolos de un culto clandestino. Las gruesas alfombras amortiguaban los pasos, y cada mueble parecía elegido con precisión para dar la sensación de “confort” a los jugadores.
Liliana atravesó la sala hasta detenerse frente a poltrona de madera y cuero situada al lado izquierdo del sillón que Nikollò tomó para sentarse.