95. Pov Dan
El silencio fue lo primero que me destrozó.
Un segundo antes, la voz de Niki estaba ahí, tensa, susurrando algo sobre un ruido. Yo le pedí que no colgara, que se quedara conmigo en la línea. Estaba a punto de decirle que saliera de la casa, que buscara a Smith si es que aún estaba allí, que no se moviera.
Y entonces… nada.
—¿Niki? —dije, subiendo la voz—. Niki, respóndeme.
El teléfono había hecho un sonido sordo. Pero luego se desconectó.
Un frío brutal me recorrió la espalda.
—¡Niki! —grité—. ¡Nikita!
Volví a llamar. Directo al buzón.
Otra vez.
Nada.
El corazón empezó a latirme tan fuerte que me dolía el pecho. Un miedo primitivo, animal, me tomó entero. No pensé. No analicé. Solo reaccioné.
Marqué el número de Michael.
Una vez.
Dos.
Tres.
—Contesta —murmuré—. Por favor, contesta.
Nada.
Sentí que el aire no me alcanzaba. Caminé por la habitación como un león enjaulado, pasándome la mano por el cabello, intentando respirar, intentando convencerme de que estaba exagerando. Pero algo de