56. Pov Niki
No podía dormir.
Habían pasado apenas un par de horas desde que acostamos a Anne, y el silencio de la casa era tan absoluto que se podía escuchar el tic-tac del reloj del pasillo.
Me revolví en la cama, una y otra vez, hasta que me rendí.
Tenía la garganta seca, así que decidí bajar a buscar un vaso de agua.
El piso estaba helado bajo mis pies descalzos. Bajé las escaleras en penumbras, con la bata envuelta en mi cuerpo. Desde la cocina llegaba un resplandor tenue, el reflejo del fuego bajo