42. Pov Dan
Me quedé en la oscuridad de la cocina mucho después de que la luz del pasillo se apagara. Anne respiraba en su cuarto, y el tic-tac del reloj parecía un latido más en el silencio. Tenía el teléfono en la mano, el video todavía abierto; me lo miré como quien repasa una herida. Y esa imagen de Fernández encima de ella no se me iba de la cabeza. No importaba cuántas veces la viera: la sensación era la misma, cruda, caliente, una rabia que no sabía domesticar.
Me levanté sin pensar y fui directo a