41. Pov Niki
No sé en qué momento llegamos. Solo recuerdo el sonido del motor, la respiración acelerada de Anne dormida en su sillita, y las manos de Dan sujetando el volante con tanta fuerza que los nudillos se le veían blancos. Yo estaba ahí, sentada a su lado, con la mente todavía atrapada en lo que había pasado.
La casa parecía más silenciosa que nunca. Cuando cruzamos la puerta, el aire se volvió pesado. Dan cerró despacio, como si temiera romper algo más dentro de mí.
—¿Quieres que te prepare un té?