Capítulo 36. La Farsa en la Primera Plana.
La brisa fresca de la madrugada en Santorini no era suficiente para disipar el calor que todavía desprendía la cama.
Maya abrió los ojos: la suave luz del amanecer se filtraba a través del dosel e iluminaba la suite al aire libre. Las sábanas de seda estaban desarregladas, como testimonio silencioso de la pasión que los había consumido la noche anterior.
Sentía como si su cuerpo no le perteneciera. Cada músculo le dolía de una forma deliciosa, pero su corazón era un caos.
Se giró para mirar a E