Capítulo 31. Un Desayuno de Muerte.
El sol ya estaba alto y la mansión, antes tranquila, bullía de actividad matutina. El olor a café recién hecho y a pan tostado llenaba el aire, pero para Maya y Elliot el desayuno parecía más una trampa que una comida.
La abuela Elena los había reunido en el comedor principal. La noche anterior, la sospecha se había sembrado, y la abuela no era de las que dejaban crecer la maleza.
Maya entró en el comedor con el rostro sereno, pero por dentro era un caos. La ropa que había usado la noche anteri