Decidido a probar su punto, Sam levantó una de sus piernas temblorosas en alto, enganchándola sobre su brazo. El nuevo ángulo le permitió penetrarla aún más profundo, cada embestida brutal sacudiéndola hasta lo más profundo.
Lucy quería preguntarle si Sam lo decía en serio. Si realmente la follaría todos los días. Hacerla correrse una y otra vez para que no tuviera que sufrir y ser humillada una y otra vez por sus profesores.
En cambio, aún en negación, temiendo que no pudiera amar a la persona