Caleb no la dejó terminar. No quería una respuesta. No quería pensar más en ello.
Apenas había recuperado el aliento cuando la interrumpió otra vez.
"Cállate," siseó, y la besó de nuevo, más rudo esta vez.
Una mano seguía sujetando sus muñecas por encima de su cabeza, la otra bajó desde su garganta para manosearle las tetas a través de la blusa.
"No eres mejor que tus amigas putas. Todo lo que quieres es polla," acusó su voz grave. "No te atrevas a arruinar el matrimonio de nuestros padres con