Dijo esas palabras y ella estaba perdida. Condenada para siempre a amar a este hombre.
Asintió, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y sus piernas alrededor de su cintura.
Empezó a moverse. Embistidas lentas y profundas que arrastraban cada grueso centímetro de su polla a través de sus paredes aleteantes, inundando su coño.
Su resbaladizo excitación virgen cubrió cada centímetro de su polla en la lenta salida, la gruesa cabeza enganchándose en su apretada entrada.
"Caleb," gimió ella,