Le agarró una de sus manos mientras ella empezaba a empujar débilmente su pecho y la forzó hacia abajo por la parte delantera de sus bóxers. Sus dedos rozaron su gruesa y palpitante polla.
La piel aterciopelada estaba estirada tensa sobre la rigidez dura debajo, irradiando un calor intenso que le cortó la respiración.
El grueso y masculino olor de él llenó su nariz y le hizo girar la cabeza con una dudosa excitación.
El corazón de Lila se detuvo. Jadeó. Seguramente esto era un sueño. Despierta,