GIANNA RICCI
—No me puedes dejar otra vez… No lo soportaría… No después de lo que ocurrió.
Escuché la voz de Leonel, no sonaba feroz como la última vez, más bien tersa y dulce.
—¿Cómo podría criar a Alma solo? Ella te necesita, yo te necesito, Evelyn. No podría volver a pasar por lo mismo. Si en aquel entonces no pude ser fuerte, menos ahora.
»Por favor, Evelyn, despierta.
Abrí los ojos lentamente, las luces de la habitación me cegaron. Cuando me di cuenta, Leonel tenía mi mano entre las suyas.