GIANNA RICCI
—¿Cómo pudiste? —Me dolía el corazón de recordar mi triste infancia, de ver la sonrisa cansada de mi madre mientras ocultaba su malestar—. ¡¿Cómo pudiste?! ¡Ella lo dejó todo por ti!
—¡Cállate! ¡No voy a dejar que un par de aberraciones terminen de trastornarme! ¡Son demonios salidos del infierno para tortúrame! ¡Solo hablan para herirme, para confundirme y distraerme de lo que tengo que hacer!
—¡Sí! ¡Vinimos solo por ti! Trajimos el infierno a la tierra solo para ti —gritó Gianna