GIANNA RICCI
—Eso es lo único que me importa… —dijo Leonel besando mi cuello, acariciándolo con sus labios, disfrutando de la suavidad de mi piel mientras que sus manos levantaban mi blusón hasta las caderas—. Lo que en verdad deseo es el placer que solo tu timidez e inocencia me pueden dar, en el cuerpo en el que estés, no me importa.
Me subió al tocador y posó sus manos en mis rodillas, abriendo mis piernas lentamente para él.
—Esto es lo que quiero… —susurró en mi oído mientras yo volteaba