GIANNA RICCI
Llegamos al juzgado y mi actitud hacia Matías se había vuelto el menor de mis problemas. Leonel aprovechaba cualquier oportunidad para tocarme y yo sucumbía. Solo tenía que posar su mano un par de segundos en mi espalda baja para que una corriente eléctrica recorriera mi columna vertebral, provocando un temblor notorio para él.
No podía pasar mucho tiempo sin posar mi atención en Leonel… ¡Como me encantaba verlo hablar con sus abogados! Se comportaba frío y meticuloso, su mirada pr