LEONEL ARZÚA
Cuando por fin pude soltar su boca y verla a los ojos, a quien vi detrás de esos iris azules, no fue a Gianna, sino a mi esposa, la mujer que nunca valoré y que perdí de la manera más cruel que alguna vez imaginé.
—Evelyn… —dije su nombre y me dolió, fue como si cada sílaba fuera una navaja que me abrió la garganta antes de salir por mi boca—. Perdóname… Creí que lo único que deseaba era que Dafne regresara, pero… me equivoqué. Tú siempre fuiste tan dulce, tan tierna, detallista… S