EVELYN VALENCIA
Entramos a la que alguna vez fue mi casa. Me era sorprendente la frialdad de Matías que en completo silencio nos invitó a sentarnos en el comedor. Un vaso de leche con chocolate y una taza de café nos esperaban. Por un momento Gianna y yo nos vimos a los ojos antes de inclinarnos y tomar nuestras bebidas, cruzándonos para alcanzar nuestra favorita, mientras Matías entornaba los ojos con rencor.
—No sé cual de las dos me jodió más la vida… —dijo entre dientes, casi para sí mismo—