Archie no se puede controlar, su cólera lo domina con unos celos enfermizos, pero las ganas que tiene de besarla son jodidamente incontrolables. Mira sus labios y luego aquel color de ojos que son como si le lanzaran un hechizo; lo tiene atrapado. Vuelve a bajar su mirada a los labios de Kiara y la pobre chica está que se muere de la tentación al tenerlo a escasos centímetros. El pecho de Kiara sube y baja porque su respiración está agitada.
—¿Por qué tu cuerpo me dice otra cosa? No te quieres