Valentina y Arthur no se volvieron a separar; podía pasar cualquier circunstancia, pero juntos la resolvían como pareja. Cada quien tuvo su crecimiento profesional. Valentina logró ser la patinadora que siempre quiso ser, gracias a la ayuda de su madre. Lo malo fue que en ocasiones se encontraba con Matías, quien le hacía mala cara o lanzaba indirectas. Pero ella ya no estaba sola, y para eso tenía a su esposo, quien la defendió y le metió el susto más grande que Matías había tenido en su vida.