59. Una pistola negra y un plan de asesinato
Elara estrechó su abrazo alrededor del cuello de Jaxon. La tormenta amainó lentamente, dejando una fina llovizna que calaba hasta los huesos. El fuerte olor a sangre y gasolina emanaba del cuerpo de Jaxon, pero a Elara no le importaba. En los brazos de este hombre, se sentía viva y a salvo.
El chirrido de unos neumáticos frenando bruscamente rompió el momento. Tres todoterrenos negros se detuvieron cruzados, bloqueando la autopista. Knox y una docena de hombres de Jaxon salieron a toda prisa. E