2. El demonio oculto
Mientras tanto, en una zona decadente de la ciudad, Jaxon Thorne salía cojeando por la puerta trasera de un club de boxeo ilegal. Aquí, la luz del sol nunca llegaba a tocar el suelo, bloqueada por los decrépitos edificios que se apretujaban unos contra otros.El hedor del estrecho callejón le perforó la nariz, una mezcla putrefacta de basura, orina y metal oxidado. El aroma de la derrota y la desesperación. Una llovizna fría, típica de Seattle, comenzaba a caer, empapando su cabello negro, que estaba pegajoso por el sudor y la sangre. Su sangre, y la sangre de su oponente. Podía sentir el sabor metálico en su boca, mezclado con saliva.Se apoyó contra la húmeda pared de ladrillos, intentando regular su respiración superficial y dolorosa. Cada bocanada de aire se sentía como miles de agujas clavándose en sus costillas fracturadas. Su visión aún estaba un poco borrosa y la mandíbula le palpitaba con fuerza. El dolor era un recordatorio constante de que seguía existiendo, de que aún podí
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