93. Un castigo a puerta cerrada
El corazón de Elara pareció detenerse al escuchar el susurro de Jaxon. El cálido aliento del hombre acarició su oreja. Elara miró rápidamente a su madre y a Richard, que seguían sentados en el sofá. Por suerte, ambos estaban demasiado ocupados intentando calmarse tras el shock como para percatarse de esa pequeña interacción.
—Suéltame —siseó Elara en voz baja. Su rostro comenzaba a enrojecer. Intentó apartar la mano del hombre.
—Solo sígueme —respondió Jaxon, en un tono igualmente bajo. Aflojó