92. Gritos en el vestíbulo principal
Jaxon colgó la llamada con el rostro endurecido. El hombre guardó el teléfono en el bolsillo de su chaqueta de cuero. Sus ojos se clavaron en Elara con un oscuro destello lleno de advertencia.
—Vámonos a casa —dijo Jaxon en voz baja pero con suma firmeza. Agarró la mano de Elara y la entrelazó con fuerza.
—¿Qué pasa? —preguntó Elara, intentando seguir el ritmo de los largos pasos del hombre. Su corazón latía con fuerza—. ¿Por qué te llama el asistente de tu padre a estas horas de la noche?
—El