60. Lluvia de balas en el Puerto Oeste
La lluvia golpeaba ferozmente los cristales del todoterreno que conducía Knox. Elara se aferraba con fuerza al cinturón de seguridad. Su corazón latía desbocado.
—¿Cuánto falta para llegar? —preguntó Elara con voz ronca.
—Diez minutos. Si la carretera está despejada. —Knox pisó el acelerador a fondo.
El vehículo salió disparado, abriéndose paso por las calles mojadas de Seattle. Elara miró a través de la ventanilla empañada. Su mente estaba llena del rostro de Jaxon. La sangre en la sien del ho