58. Un escudo de acero destruido
El rugido del motor V8 chillaba más allá de los límites de la cordura. En medio de la tormenta cegadora, Elara vio la deslumbrante luz de los faros apuntando directamente hacia Scarlett.
—Imposible —gritó Scarlett aterrorizada desde fuera. La mujer retiró el pie del parachoques del Audi, se dio la vuelta y salió corriendo despavorida, alejándose del borde del acantilado.
Dentro de la cabina, que se balanceaba de forma espeluznante, Elara gritó con todas sus fuerzas hacia su auricular.
—¡Jaxon!