El aroma llegó como un fantasma al amanecer. Lucía lo detectó en el aire de la oficina de Daniel una mañana: una fragancia exótica, opulenta, con notas de jazmín y sándalo que se enroscaban en el aire como serpientes perfumadas. No era el aroma de Daniel —ese que conocía de memoria, mezcla de aftershave y algo inherentemente masculino— ni el de ella. Era un perfume que gritaba "mujer adinerada, con gustos caros y secretos más caros aún".
Un rastro que Lucía había olido antes. En otra vida, en o