88.
CHRIS
El helado se derrite más rápido de lo que Max puede comerlo, chorreándole por los dedos y la muñeca sin que le importe en lo más mínimo. Se ríe, feliz, como si este fuera el mejor día de su vida. Tal vez lo sea. Sophie está sentada a mi lado en la banca de madera, con un cucurucho intacto entre las manos, todavía un poco ida, como si no terminara de aterrizar en lo que acabamos de vivir.
Yo tampoco termino de creerlo.
Una niña.
Repito la palabra en silencio, una y otra vez, como si así p