49.
CHRIS
Amanezco antes que el sol, como casi siempre. No porque tenga prisa, sino porque el silencio de esta casa a esa hora me resulta distinto desde que no estoy solo. Hay un tipo de quietud que no pesa cuando sabes que alguien duerme al otro lado del pasillo, que una respiración pequeña y regular confirma que todo está en su lugar, aunque el mundo siga siendo complicado.
Me quedo unos segundos acostado, mirando el techo, escuchando. El yeso de Max cruje levemente cuando se mueve en sueños. So