44.
SOPHIE
El pasillo del hospital huele a desinfectante y a espera. Es un olor que no se va, que se queda pegado en la garganta incluso cuando respirás por la boca. Estoy sentada en una de esas sillas de plástico duro, con las manos entrelazadas sobre el regazo, mirándolas como si no fueran mías. No recuerdo haberlas movido así. No recuerdo cuándo dejé de temblar o si todavía lo hago.
Chris está a mi lado, pero no lo miro. Sé que está ahí por la forma en que su rodilla roza apenas la mía, por la m