El sol de la mañana acababa de asomar sobre la ciudad cuando Olivia se sentó en su estudio, mirando la pantalla brillante del portátil sin realmente ver nada. Sus dedos sujetaban una taza de café que hacía tiempo se había enfriado, pero su mente seguía atrapada en lo que había ocurrido la noche anterior.
La puerta de la oficina crujió al abrirse. Daniel, su asistente de confianza, entró con una expresión preocupada.
—Señorita Olivia… Acabo de ver las noticias en línea. Parece que la familia del