El aire estaba denso, tenso con la energía de lo que acababa de suceder. El nacimiento de los gemelos, los hijos de Elysia y Arius, había marcado el comienzo de una nueva era, una era que ningún dios, ni siquiera Zeus, podía prever.
Zeus se encontraba en pie, en un rincón oscuro de la cueva, con la mente agitada. Sus pensamientos recorrían las palabras de su padre, Cronos, que resonaban en su mente como una advertencia fatal. **"te maldigo con mi mismo destino hijo mío... tu descendencia será