El aire estaba pesado en la cueva donde Elysia se encontraba, las sombras se alargaban y se acortaban, como si el tiempo mismo estuviera jugando con ella. El dolor que sentía era indescriptible, un retorcimiento profundo que la hacía gritar con cada contracción. A su lado, Zeus estaba parado, una presencia fría y distante, pero imposible de ignorar. Su mirada era fija, intensa, como si estuviera observando no solo el nacimiento de dos vidas, sino el futuro de todos los dioses. No dijo una palab