El tiempo avanzaba, y con él, el embarazo de Elysia se volvía más evidente. Cada día que pasaba, sentía cómo la vida crecía en su interior, una mezcla de amor y temor, de esperanza y dolor. Arius la cuidaba con una devoción inquebrantable, pero los miedos de Elysia no podían ser apaciguados, especialmente cuando pensaba en las pérdidas pasadas. La agonía de los hijos no nacidos, las vidas truncas antes de haber siquiera tocado el suelo, comenzaba a sofocarla de nuevo.
El dolor comenzó temprano