Lejos de las tensiones de la universidad, en la tranquilidad de la cabaña familiar, Thiago Di Santi entraba por la puerta principal, aún recuperándose del golpe en su orgullo. En la sala lo esperaba su hermana, Alessia, quien al verlo entrar no pudo contener una sonrisa burlona.
—Hola, Yun Yun —lo saludó Alessia entre risas—. ¿Ya estás bien? ¿O quieres que te reviva esa ladrona?
Thiago le lanzó una mirada asesina, cruzándose de brazos, con las mejillas encendidas por la rabia.
—Ya cállate, tont