En la lujosa residencia de los Di Santi-Ling, el ambiente se sentía pesado, impregnado del aroma a té de jazmín e incienso caro. Mein Ling, la temible exjefa de la tríada, se encontraba de pie junto al gran ventanal del salón principal, observando los jardines con la elegancia fría que la caracterizaba.
El sonido de la puerta principal abriéndose rompió el silencio. Arrieta entró al salón, desabrochándose los primeros botones de su camisa, luciendo el cansancio de los negocios de la madrugada.