RECUERDOS DEL PASADO Y SUPOSICIONES.
Las primeras luces de la mañana apenas atravesaban la suciedad de las ventanas del hospital. Anaís caminaba con pasos torpes, sintiendo que las piernas le temblaban. Cada metro que avanzaba junto a Thiago era una tortura; el miedo a la figura imponente del mafioso se mezclaba con el peso muerto de su pasado, aprisionándole el pecho hasta sofocarla.
Al abrir la puerta de la habitación, el sonido rítmico y pitado del monitor cardíaco las recibió. La abuela de Anaís, con el rostro surcado de arrug