El beso en el suelo del ascensor seguía ardiendo entre los dos. Nicolás tenía una mano firme en la nuca de Bianca y ella apenas comenzaba a soltar el agarre de su cabello, con la respiración agitada y la boca entreabierta por la sorpresa del momento.
Nico la miró a los ojos, completamente desorientado por lo que acababa de pasar.
—Bianca... yo... yo... —balbuceó Nico con la voz rasposa, intentando procesar el calor de su boca y la forma en que ella le había respondido.
Pero antes de que pudiera