El agua de la piscina reflejaba los destellos dorados del sol de la tarde. Alessandro permanecía acostado sobre una reposera de teca, con los ojos cerrados bajo sus gafas oscuras y los brazos cruzados detrás de la cabeza, buscando un minuto de paz tras el desahogo con su madre.
El sonido de unos pasos pequeños e inseguros sobre el piso húmedo interrumpió el silencio. Mía, la pequeña hija de Thiago y Anaís, caminaba dando vueltas por el borde del agua buscando desesperadamente algo con la mirada