Sebastián Corsini caminó a paso firme hacia la oficina privada en la parte superior de la galería. Estaba acostumbrado a tratar con hombres de negocios fríos y calculadores. En su mente, el diseñador estrella y dueño tras la manufactura de las joyas antiguas que él solicitaba era un orfebre veterano.
Sin embargo, cuando la puerta de caoba se abrió, no encontró a ningún hombre mayor.
Frente a él estaba Alessia Ling, luciendo un vestido deslumbrante, sosteniendo una copa con una elegancia imperia