El convoy de camionetas blindadas cruzó el portón de la nueva casa de seguridad que Enzo les había facilitado días atrás. Era una propiedad imponente, oculta tras muros altos y rodeada de un denso bosque que garantizaba la discreción que la Dinastía necesitaba.
En una de las salas secundarias, la luz cálida iluminaba el rostro cansado de Nico. Estaba sentado en un sofá de cuero, con el torso al descubierto mientras Cassandra le limpiaba con delicadeza los raspones y los cortes leves que había s